Juanito, Camila, Barcelona - Parte 1

Las relaciones suelen ser complicadas en muchos aspectos. Poder alinear ideas, formas de ser, mañas; aprender a estar con otra persona, aprender a ser de a dos, sin dejar de ser uno mismo. A todo eso nos enfrentamos cuando estamos en pareja, y no es que sea algo imposible, solo es algo que se va dando con el tiempo.
Pero algunas veces, nos toca enfrentarnos a cosas que nos ponen a prueba a nosotros, nuestra relación, el amor, lo que creemos de la pareja, lo que creemos de nosotros, lo que creemos del amor... Y no quiero ser sensacionalista con esto, pero me parecía una buena manera de empezar a contarles un poco más de la historia de mi viaje a Barcelona.
Y ustedes se preguntarán ¿Qué tiene que ver toda esta reflexión medio auto ayuda sobre el amor?


Como les conté en el post anterior, uno de los motivos por el que me mudé a Barcelona, fue Juanito, que, a diferencia de lo que todos creen cuando les dijo "Es que mi novio vive en Barcelona", Juanito no es Catalán, ni siquiera Español (bueno, es un poco francés, pero no). Juan nació en Buenos Aires, y ahí fue donde lo conocí, donde empezamos a salir, donde tuvimos nuestras primeras peleas, nuestras primeras reconciliaciones y donde pasamos el primer año de nuestra relación.
Para no entrar en detalles particulares, simplemente poner en contexto, unos días después de cumplir nuestro "dulce" primer aniversario, Juan se tomó un avión rumbo a Barcelona (con unas 400 escalas en el medio).
Y la pregunta era ¿Cómo continuar una relación a más de 10.000 km de distancia, en la que no hay fechas concretas de reencuentro?
Bueno, en realidad no hay una formula más infalible que "Ir viendo que pasa"
Y, aunque suene un poco simple (sé que todos esperan que les de la recete mágica del amor a distancia), no hay nada que se pueda hacer al respecto.
No siempre tenemos los medios para tomarnos un avión cada mes y medio, y en nuestro caso, les aseguro que no los teníamos.
Los primeros meses fueron duros, y no sabíamos si la relación iba a continuar, estamos aprendiendo a vivir una relación a distancia, a saber lo que se siente el estar con alguien sin estar.
Las cosas simples y cotidianas  se vuelven un deseo precioso. Por ejemplo, el no ver a la otra persona es casi una tortura. Y sé que hoy en día existe el Skype, el facetime y hasta las videollamadas de whatsapp, pero todos esos medios electrónicos que nos acercan tanto, no permiten algo tan simple como mirar a los ojos de la otra persona. Durante los primeros cuatro meses de distancia, nunca pudimos mirarnos a los ojos con Juan. Cuando él me miraba a mi, yo estaba mirando un punto en el margen superior de mi laptop. Nuestros ojos se convirtieron en un circulo en el ordenador.
Y así transcurrieron los primeros meses, y esos meses son un limbo, porque son eternos y por más que tengas un pasaje (creo que saqué el pasaje para ir a visitarlo al mes de que se fuera), las cosas no son fáciles, son dos personas, que se habían acostumbrado a estar juntas, ahora acostumbrándose a estar separadas, pero juntas, pero lejos, pero cerca, sin mirarse a los ojos.
Después llegó el momento del viaje de reconocimiento, no solo del terreno, sino también para reconocer la relación nuevamente, ¿Qué pasa? Esos viajes son una especie de tiempo sin tiempo, porque no tienen nada de real, nada comparado con la vida real. Y con esto no quiero decir que lo que pasa en esos viajes sea una mentira, sino que son como una especie de mundo ideal, donde todo lo que pasa es lo que se esperaba que pase.
Aunque en realidad las cosas que pasan son nuevas, distintas.
De hecho ese viaje para mi fue una experiencia nueva, porque traté de dejar librado al azar muchas cosas, y para los que no me conocen, les cuento que soy una persona que necesita tener todo organizado
Ahora si, volver de las vacaciones fue duro... digamos que de alguna manera esta vez era yo la que se iba, y me encantaría que fuese Juan quien contara como se sintió con ese momento (no es que sea vengativa, pero un poco sí... bueno, en realidad no)
Bueno, sea como sea, las relaciones a distancia no son fáciles, sobre todo cuando no nacen de esa manera. Pero de alguna manera, si tienen que se van a ser, hoy, luego de 6 meses de volver a Buenos Aires y tener una despedida de película en el aeropuerto del Prat, aquí estoy, en Barcelona, con Juanito, acomodándome a una vida, armando las cosas de nuevo, y como debe ser...
ESTA HISTORIA CONTINUARÁ...


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